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Lola Fernández Géniz
Pedagoga experta en literatura infantil y juvenil |
Tras más de 14 años realizando actividades de animación a la lectura en aulas y bibliotecas… llegó mi gran reto: dinamizar literatura clásica.
Pero ¿por qué un reto? Quizás por el miedo de los profesores a que sea una literatura demasiado densa para nuestros jóvenes. Quizás por los prejuicios de nuestro alumnado ante libros «antiguos».
Sea por un motivo u otro, pensé, equivocadamente, que dinamizar uno de nuestros grandes de la literatura suponía una preparación y trato diferente al de un libro de literatura contemporánea. Sí, digo bien, equivocadamente. Porque la Literatura Clásica se llama así no porque sean libros «empolvados» por el tiempo que ha pasado desde que se escribieron, sino porque precisamente a pesar de todo ese tiempo transcurrido, son obras que siguen de plena actualidad, pues reflejan valores humanos, valores universales y, me atrevería a decir, valores que deberíamos subrayar y que tanta falta nos hacen hoy en día: lealtad, esfuerzo, honestidad, tenacidad, solidaridad, etc.
Así que, una vez que te metes de lleno en la preparación, comprendes que los fundamentos de la dinamización lectora no han cambiado:
El primero, apasionarte con la lectura del libro escogido. Tengo que reconocer que lo tuve muy fácil, ya que la editorial para la que trabajo, Edebé, ha tenido la suerte de contar con la Dra. Rosa Navarro Durán para realizar dos maravillosas colecciones de adaptaciones de clásicos: Clásicos contado a los Niños y Clásicos para Estudiantes. No voy a entrar en la polémica de si es o no aceptable adaptar, que sería tema posible para otro artículo. Sólo anotaré que si alguien ha escuchado a Rosa Navarro hablar sobre cómo y por qué lo hace, y/o ha tenido entre sus manos uno de sus libros, habrá quedado como yo, hechizado ante esa forma tan amena, fluida y fiel de narrar las historias más universales de la literatura. Así, pues, el primer requisito conseguido.
El segundo, transmitir esa pasión por lo leído a nuestros jóvenes. Y aquí la gran sorpresa… ¿o no?.
Los más pequeños (Infantil y 1º ciclo de Primaria) son los más fáciles de «animar»: leyéndoles pasajes seleccionados del libro (por su ternura, en Platero; por su diversión, en ‘El Quijote’ o ‘El Lazarillo’; por lo emocionante o aventurero, en ‘La Odisea’, ‘El Cid’ o ‘Tirante el Blanco’; por lo misterioso, en ‘Las Leyendas de Bécquer’; por lo romántico en las Novelas Ejemplares) con la simple ayuda de mi voz o con herramientas que me acompañen en la narración: ilustraciones escaneadas (detallistas y expresivas como las de Francesc Rovira), objetos o ropaje propios de los personajes, marionetas para los más peques, jugar a dramatizar las escenas (hacer de quijotes contra molinos, o de lazarillos guiando a ciegos, o de ulises contra sirenas,…)
Con los «medianos» (2º y 3º ciclo de EP) y mayores (ESO) la propuesta cambia, porque son ellos mismos los que van a leer los maravillosos textos, y aquí nos preocupamos por seguir las estrategias propias de animación:
Antes de la lectura.- A estas edades se me hacen imprescindibles este tipo de dinámicas, pues aunque encontramos muchos jóvenes que han sido tocados por la varita mágica de la pasión por la lectura, tenemos que reconocer que muchos otros empiezan a expresar su rechazo a los libros (bien por considerar la lectura como una mera tarea escolar, bien por creer que todo aquello que no provenga de un medio electrónico y audiovisual no merece la pena). Así que, creo necesario y justificado presentarles el libro (contarles lo poco pero suficiente del argumento como para meterles el gusanillo, leerles un pasaje cortito pero intrigante o emocionante, etc.). Y aunque todos los educadores sabemos que cuando los jóvenes encuentran un libro que les motiva son capaces de enfrentarse a vocabulario y «palabrejas» casi impronunciables (estilo Harry Potter), podemos facilitarles una lectura más fluida adelantándonos con actividades que les den a conocer palabras y expresiones que aparecen en el libro (del tipo juegos de diccionario, búsquedas en Internet, etc.)
Durante la lectura.- Planteárselo como un club de lectura, en el que hacemos partícipe a los demás de cómo estamos viviendo la lectura del libro, compartir nuestras emociones, dudas, etc.
Posterior a la lectura.- Una vez finalizada la lectura, es interesante recoger las opiniones personales de los lectores, hacerlos críticos sobre lo leído, incitarles a que animen a otros jóvenes a leer ese mismo libro (escribir artículos en revistas escolares, participar en foros, etc.) y, si nos apetece, optar por todo el amplio abanico de juegos creativos (si hiciéramos un viaje en el tiempo y nos encontráramos participando de esa historia, ¿qué personaje nos gustaría ser? ¿habríamos cambiado algo de la historia?...), preparar una obra de teatro para fin de curso, ver alguna película basada en la historia, etc.
¡Tiene tantas posibilidades la lectura de los Clásicos en el aula! ¡Tendría tantas cosas que decir aquí! Pero lo que más deseo compartir con vosotros, es que perdamos el miedo a leer nuestros Clásicos pues son maravillosos, emocionantes, intrigantes, divertidos, misteriosos,… y nos pueden hacer vivir historias fascinantes que realmente enganchan al lector infantil, juvenil o adulto, por eso son obras universales.
¡Tan sólo tenemos que abrir el libro... y empezar a leer!
Desde aquí, os animo y os invito a ello.