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Momento de la entrevista que los alumnos del ‘Santiago Apóstol’
hicieron a Luis Alberto de Cuenca.
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BELÉN
MACÍAS Y MANUEL PAREDES
ALUMNOS DE 2º DE BACHILLERATO
Luis
Alberto de Cuenca, consagrado poeta, filólogo y ensayista, nació
en Madrid donde comenzó a estudiar Derecho, carrera que abandonó
para dedicarse a lo que realmente le gustaba, Filosofía y Letras,
doctorándose en 1976 con una tesis sobre la figura del poeta griego
Eurforión de Calcis.
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¿Cómo empezó usted a escribir?
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La verdad es que desde muy pequeño. Recuerdo que mi madre
me regaló un cuaderno muy bonito, en rojo con hojas color
crema y en ese cuaderno rojo con hojas color crema empecé
a emborronar las páginas con poemas inspirados sobre todo
en Juan Ramón Jiménez. Y cómo, pues porque
lo llevaba dentro. Yo creo que el cuándo a los doce años
y el cómo porque hay gente que lleva dentro la poesía.
Todo el mundo puede mirar el mundo desde un punto de vista poético,
pero algunos no sólo lo miran sino que después trasladan
esa mirada al poema.
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¿Y por qué la poesía y no otro género?
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Pues tampoco elige la persona, sino que le viene dado el género.
Yo tenía antecedentes poéticos en la familia, un
bisabuelo mío había sido un poeta conocido en su
época, y quizás hay ahí una cuestión
genética, pero en cualquier caso no lo dudé, a mí
lo que me interesa es la poesía. Luego me han incluso propuesto
escribir novelas, hasta llegué a firmar un contrato para
escribir una novela, porque mi poesía tiene unos componentes
narrativos bastante amplios, evidentemente en literatura donde
está el éxito y el dinero es en la prosa no en el
verso, pero sin embargo no me encuentro cómodo en la prosa
me encuentro mucho más a gusto en el verso.
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¿Qué función debe cumplir la poesía en estos
tiempos según su criterio?
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Yo creo que la misma que ha cumplido a lo largo de toda la historia.
Yo creo que a lo largo de todas las épocas desde que el
hombre es hombre, y sobre todo evidentemente desde que las primeras
civilizaciones, la mesopotámica, la egipcia, asoman en
el horizonte, la poesía ha cumplido una función
de realización personal de una serie de individuos que
eran siempre minoría en la comunidad en la que vivían
y que desarrollaban en el papel como he dicho antes una determinada
manera de ver el mundo que definimos como manera poética
de ver el mundo. Pues en ese sentido la poesía lo que cumple
es un acercamiento al arte desde la palabra y eso existirá
siempre, en la sociedad actual, en la sociedad de los sumerios
3000 años antes de Cristo o en la sociedad que venga dentro
de otros dos mil o tres mil años. La poesía está
siempre engarzada en la sociedad. No hay ningún peligro
de que termine o de que se muera.
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¿Se ve incluido en alguna corriente?
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Los profesores de Literatura, por lo general, van agrupando a
los distintos escritores y poetas en tendencias, en generaciones,
en escuelas y a mí me han incluido en una generación
que se llama de muchas maneras, la generación del 70, del
68, de los Novísimos, del Lenguaje y bueno, elegid la que
os parezca mejor. A mí me gusta bastante lo de generación
del 68, porque surgió a raíz de unos acontecimientos
históricos en París en que los estudiantes hicieron
una serie de manifestaciones, se levantaron contra el Estado,
pero ya no en nombre del Marxismo que estaba en cierto modo superado
por un cierto Post-marxismo. Yo creo que ésa es nuestra
Generación.
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¿Tiene alguna manía a la hora de escribir?
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La verdad es que no, ¿quieres decir si escribo con rotulador,
con bolígrafo o con pluma o a una hora o a otra o cualquier
manía? No, no tengo manías, incluso cuando me pasé
al ordenador, de esto hace ya muchos años, muchas veces
hasta escribo directamente en el ordenador, que eso es muy poco
poético, pero es así. Yo lo que hago es reelaborar
muchas veces los poemas. A veces salen perfectamente armados en
una primera redacción, pero otras veces tarda uno meses
porque lo deja descansando, lo encuentra en el cajón y
después redacta ese poema que estaba solo en agraz. En
muchas ocasiones he hecho eso, apuntes que he tomado en determinados
momentos se convierten en poemas seis meses después o un
año después. Pero vamos, por lo general, trabajo
sobre el poema del que he diseñado un esbozo y continúo
hasta que está completo.
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¿Es muy perfeccionista?
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Sí, mucho. Yo creo que obsesivamente perfeccionista en
el sentido en que en mis versos, que son por lo general isosilábicos,
o sea que tienen una métrica, no hay ningún desmayo.
En el momento en que lo ha habido, me pone muy nervioso que lo
haya, lo corrijo inmediatamente.
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Nos llama la atención el título de uno de sus últimos
libros ‘Sin miedo ni esperanza’.
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Sabéis que en los escudos nobiliarios siempre había
una frase que indicaba el mote de la familia en cuestión,
entonces hay una bastante conocida en latín que es nec
metu nec spe, que significa exactamente sin miedo ni esperanza.
A mí me chocó, lo vi en alguna parte ese emblema,
esa leyenda del escudo de no sé qué familia y entonces
lo adopté. Soy muy aficionado a la épica, a la literatura
heroica, y entonces la actitud que puede tener un héroe
siempre es ésa, la de no tener miedo y tampoco tener esperanza,
porque el final no suele ser feliz.
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¿Es alguna consigna también para la vida?
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Que, aunque circulemos por ella sin miedo ni esperanza, sin embargo
eso no nos hará estar tristes ni nos hará estar
nublados, sino que veamos que esa esperanza metafísica
que evidentemente no existe no implica que no existan otras pequeñas
esperanzas a lo largo de la vida que nos ayuden a hacer más
llevadero el camino que tenemos que recorrer.
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Este año estamos celebrando el cuarto centenario del Quijote.
¿Cómo recomendaría a los jóvenes la lectura
del Quijote?
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Yo leería el Quijote a vuestra edad sobre todo como una
novela de aventuras, no entraría en más profundidades
o en más recovecos psicológicos o históricos,
sino que lo leería como una novela de caballerías.
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«La
inspiración es algo connatural al hecho poético»
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Hemos leído algún poema en que con un tono
un poco irónico se dirige usted a su Musa. ¿Cree
en las Musas?
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Bueno, creer que se me va a aparecer una señorita
con una túnica griega maravillosa, me va a dictar
al oído un poema, eso no lo creo, desgraciadamente,
¡ojalá!. Pero lo que sí creo es que hay momentos
en que la inspiración funciona y otros momentos en
los que no. Y a la inspiración le hemos puesto un
nombre, le pusieron el nombre los griegos y la llamaron
Musa, pero no es más que el momento en que uno de
repente puede con todo y es capaz de escribir cualquier
cosa, en cambio hay otros momentos en que es incapaz de
articular una frase.
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Y por tanto, cree en la inspiración.
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Creo en la inspiración, porque además es algo
absolutamente connatural al hecho poético, lo que
también hay que matizar es que, como suele decirse,
el primer verso te lo regala la musa, los demás los
tienes que trabajar tú. O sea, el trabajo es también
una excelente manera de hacer efectiva la inspiración.
La inspiración acude más si trabaja uno más,
lo cual no necesariamente el trabajo significa que vaya
a llevar a buen puerto el poema, pero evidentemente si se
mezcla ese elemento fortuito azaroso y mágico de
la inspiración con el trabajo diario y los desvelos
y los insomnio de creación, pues se crea una obra
literaria.
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Quizás el sueño también sea una fuente
de inspiración.
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Absolutamente, el sueño es una fuente destacadísima
de inspiración en mi caso. Hay muchísimos
poemas que proceden de sueños. Yo creo que la materia
poética y la materia onírica están
profundamente unidas, ensambladas.
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