Calendario Escolar 2018/2019

Extremadura, a fines del siglo XV y durante el siglo XVI, formó parte de la periferia del Reino de Castilla donde se retiraban a descansar los miembros de la realeza.

Fue una región eminentemente agraria que mantuvo su carácter fronterizo con el reino de Portugal.

En el lapso de tiempo que media entre el reinado de los Reyes Católicos y la muerte de Felipe II todo el territorio se mantuvo fragmentado en más de cincuenta entidades territoriales, con formas de administración bien distintas: municipios de realengo, señoríos, sedes episcopales, prioratos de órdenes militares y, como triste novedad, la presencia de forma permanente, desde Llerena, del férreo control moral de la Inquisición.

Extremadura era el extremo de un Reino (también de un Imperio), donde pervivieron hasta su expulsión definitiva minorías moriscas, donde proliferaron los bandoleros apostados en caminos sinuosos e invadidos por la maleza.

La Extremadura del XVI lució un paisaje monopolio de los pastos y viñedos, con cañadas atestadas de ganados trashumantes.

Otro paisaje era igualmente corriente, el de la pobreza. En un territorio con una población en aumento -aumento que cesó a fines del XVI-, con estamentos sociales casi estancos polarizados entre nobles libres de toda carga y pecheros (la mayoría de la población), que pagaban tributos, sólo unos pocos salvaron el Atlántico para hallar en las Indias honra y riqueza.

Finalmente, fueron menos aún quienes cultivaron el humanismo en cualquier vertiente de las ciencias o las letras, como Arias Montano, El Brocense o Pedro de Valencia.