Calendario Escolar 2017/2018

Tres reyes de la Casa de Austria ocuparon la tortuosa historia del Reino de España durante el siglo XVII. Los tres compartieron un triste papel, el de ser testigos inoperantes del hundimiento del inmenso imperio que habían heredado.

La incompetencia de estos reyes se intentó remediar con la concentración de poder en manos de algunos de sus hombres de máxima confianza: los validos. Y, si bien el duque de Lerma, valido de Felipe III, liquidó los frentes de guerra abiertos por Felipe II, otro colega suyo, el conde-duque de Olivares, valido de ese hombre sin voluntad propia que fue Felipe IV, procuró por el contrario embarcar a la Corona Española en todas las guerras europeas con resultados muy poco satisfactorios para ésta. El breve y oscuro reinado de Carlos II, un hombre tan enfermo como el estado que regía, desembocó en la liquidación de un territorio, España, que los grandes monarquías europeas se “subastaron” tras su muerte.

Y, si eso es lo que sucedía de cara a la galería, la España de puertas a dentro mostraba la cruda realidad de una Castilla soportando el peso de todas las aventuras regias en tanto los reinos periféricos de Aragón y Portugal se mostraban reacios a dulcificar el sobreesfuerzo de los castellanos. El resultado: una sociedad sumida en una profunda crisis social y económica. Sin embargo, las letras y las artes asisten a un singular apogeo hasta el punto de que al siglo XVII se le reconozca como “El Siglo de Oro” de la literatura castellana. El siglo en el que nació la triste realidad de un ideal perdido encarnado en el personaje de un hidalgo manchego: Don Quijote.