Calendario Escolar 2018/2019

Un siglo de profundos cambios y transformaciones, un siglo convulso, fluctuante y diverso. En su primer tercio asistimos a los últimos instantes de la restauración borbónica, colofón de un sistema político obsoleto e incapaz que, si bien sirvió para abrir las puertas de la democracia y de las libertades individuales, no menos cierto fue que ese mismo sistema propiciara que sólo lo disfrutara en plenitud una parte de la sociedad española. La Dictadura de Primo de Rivera modernizó las infraestructuras del Estado, una política coyuntural del todo insuficiente para unas bases sociales obreras que reivindicaban su justa cuota de protagonismo, bases que, en Extremadura, eran fundamentalmente agrarias.

El problema de la propiedad de la tierra fue el caballo de batalla de la II República y su capacidad de gestión se vio rebasada por la urgente necesidad de ese bien que tenían los asalariados agrícolas. Tras el triste paréntesis de la Guerra Civil, las políticas centralistas y paternalistas del Movimiento Nacional tendieron a favorecer a zonas industriales y costeras de España, dejando a la Extremadura agraria relegada a un papel marginal a pesar de los planes de regadío, colonización y desarrollo.

Sin embargo, el último tercio del siglo XX es el tiempo del despegue definitivo de Extremadura, en parte gracias al proceso democratizador propiciado por los políticos de la Transición pero, sobre todo, por la asunción de competencias fundamentales para el desarrollo autonómico y el apoyo inversor tanto de Europa como del propio Estado.