Calendario Escolar 2017/2018

Siglo XVIII

(La Real Audiencia)

El siglo XVIII es el de la toma de conciencia, por parte de la Corona, de la necesidad de articular la unidad nacional tanto jurídica como administrativa aboliendo, salvo las excepciones vasca y navarra, viejos fueros que privilegiaban a las regiones periféricas. Se crea una estructura administrativa central en la que el rey delega. A la cabeza de esa nueva administración central se encuentran los Secretarios de Despacho (que vendrán a derivar en los actuales ministros) que, ya bien entrado el XVIII, se reunirían en Junta Suprema (que luego dará lugar al Consejo de Ministros). Se inició la división administrativa provincial. Cada provincia, a su vez, estaba subdividida en partidos (corregimientos). La representación regia, política y militar en las nuevas provincias la ostentaban las capitanías generales que, en el caso extremeño, tenía su sede en Badajoz. Sin embargo, el verdadero brazo ejecutor de la administración eran los intendentes, quedando relegados los corregidores, que tanto poder acumularan en el pasado, como agentes de la autoridad judicial. Las autoridades locales se vieron controladas y fiscalizadas en cada municipio por representantes de la corona elegidos entre los propios ciudadanos: los síndicos personeros, los diputados del común y, por último, los alcaldes de barrio.

Esta uniformidad administrativa y fiscal se logra gracias a los censos y catastros que se realizan desde las secretarías, siendo cruciales los Censos de Aranda (1768), Floridablanca (1787) y Godoy (1797) y el Catastro de Ensenada (1752). Todos profundizan en el conocimiento de los territorios de la Corona.

Para el caso extremeño, resulta de vital importancia los detallados interrogatorios que se llevaron a efecto en todos los municipios de cada partido judicial. La finalidad no era otra que conocer de primera mano la realidad de la población extremeña para establecer dónde y de qué forma habría de crearse una Real Audiencia, procurando de esta forma que los pleitos generados en Extremadura no tuvieran que verse en Valladolid o Granada. Ésta fue una realidad que se materializó en Cáceres en 1791.