Calendario Escolar 2017/2018

Edad Moderna I

(Renacimiento)

Los gustos estéticos del renacimiento fueron cambiantes. Se manifiesta un dominio de la arquitectura sobre el resto de las artes plásticas. Éste partió de premisas góticas, fue asumiendo el orden clásico difundido bien a través de tratados, bien por la presencia de autores u obras italianas en la región o por el culto e inquieto espíritu de los humanistas o el redescubrimiento del mundo romano (el ejemplo de jardines-monumento como los de Abadía son buen ejemplo de esta última corriente).

Una vorágine de encargos –en la que pudieramos llamar la Edad Dorada del Arte Extremeño–, fueron realizados por cabildos catedralicios (especialmente los de Coria y Plasencia), órdenes militares, monasterios, cofradías y grandes familias nobiliarias, generando complejos programas constructivos y ornamentales que rebasan la idea del edificio tratado de manera individual y pasan a ser elementos que conforman singulares conjuntos urbanos. Todo este proceso queda transformado, más que truncado, por las nuevas premisas estéticas surgidas del Concilio de Trento y la austeridad herreriana propiciada por Felipe II desde el modelo del Monasterio del Escorial (previamente ensayado en el de Yuste), y en el cual se funden lo temporal y lo eterno: monasterio, residencia regia y panteón real.

La escultura participa del gusto italianizante; de la glorificación, a la manera de los héroes clásicos, de monarcas y nobles. El manierismo, las formas arcaizantes, capitalizan el gusto trentino frente al que surgirá, ya a fines del siglo XVI, una corriente monumentalista y romanista capitaneada por Lucas Mitata. En lo que respecta a la pintura, desde la base del realismo flamenco, se llega al completo manierismo, de colores plenos, irreales y formas sensuales, es el caso de Luis de Morales, cuando no se llega al extremo de figuras retorcidas o espiritualizadas que pueblan las obras del cretense Doménico Theotocópulos “El Greco”.