Calendario Escolar 2018/2019

Siglo XIX

(Clasicismo y Tradición Popular)

Durante el siglo XIX se asiste en Extremadura a profundas novedades en lo que respecta a la arquitectura, pues los tradicionales mecenas y patronos del arte, nobleza cortesana o provincial y, especialmente, la Iglesia, quedan relegados a un segundo plano con la aparición de nuevos centros del poder civil (central, regional o local), que quieren, a través de los edificios que les sirven de sede, dejar patente la expresión de ese poder a través de estilos que van del más puro neoclasicismo a exóticos edificios neomudéjares: ayuntamientos, gobiernos civiles, delegaciones ministeriales, diputaciones…. Se lanzan a una fiebre constructiva a la que se suman otras sociedades civiles de corte cultural o lúdico (casinos, liceos, círculos, ateneos o Sociedades Económicas de Amigos del País).

El ensanche de algunas ciudades extremeñas propicia que la estética de los edificios oficiales sirva también a los mercados, escuelas e institutos, plazas, parques, lonjas, hospitales. Durante el XIX se desarrolla, incluso, una nueva tipología de edificio monumental surgido de las plazas mayores y que ya inició su andadura el siglo precedente: la plaza de toros.

Por último, las nuevas industrias harineras, aceiteras, fosfateras o mineras, junto a las nuevas infraestructuras ferroviarias, aportan al paisaje extremeño una nueva estética ligada primero al hierro y, posteriormente, al hormigón.

Es, además, un siglo prolífico en pintores que, como sucede en lo arquitectónico, se prestan a elegir una gran cantidad de motivos, profanos en su mayor parte. Así el fontanés Nicolás Mejía abrazó para sus cuadros el exotismo orientalista al más puro estilo de Fortuny, el pacense Felipe Checa se especializó en pintar bodegones y escenas de género de corte costumbrista, como también lo hizo el pintor trujillano José Bermudo. Por otra parte, no faltaron escultores que iniciaron, con sus obras, la tradición urbana de ornar plazas y parques con esculturas, algunas de ellas de corte monumental, sin renunciar a temáticas habituales, como es el caso del retrato o la imaginería religiosa.