Calendario Escolar 2017/2018

Siglo XX

(Nuevas y viejas ideas: antes de 1936)

La Extremadura de las tres primeras décadas del pasado siglo estuvo dominada por una oligarquía, residente o no en la región, que había venido engrosando sus rentas a lo largo de la segunda mitad del siglo precedente con bienes desamortizados a la vez que controlaba al resto de la población de manera caciquil (cada oligarca mantenía a un grupo de asalariados a cambio de que sus votos fueran a parar a la candidatura política que velaba por sus intereses). Esta situación se fue quebrando paulatinamente al tomar las masas campesinas conciencia de clase, agrupándose en asociaciones y sindicatos de carácter católico, anarquista o socialista. Esta última opción es la que maduraría en Extremadura, especialmente la U.G.T., y más aún tras la apertura primero de la red de Casas del Pueblo y, con posterioridad, con la creación durante la II República de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra. Paralelamente surge en Extremadura un tímido sentimiento regionalista, imitando de forma lejana al nacionalismo catalán. Sin embargo poco o nada se parecía la sociedad extremeña a la catalana: nuestra economía era eminentemente agraria, la formación de su población era claramente deficitaria, pues en su mayor parte era analfabeta. Por último, la región adolecía de unas precarias redes de comunicaciones internas, con Portugal y con el resto de las regiones limítrofes.

A pesar de ello, surge entre un grupo de profesionales liberales conservadores, como es el caso de José López Prudencio, el deseo de crear asociaciones con un carácter más cultural que político que ahondaran en el sentimiento regional. A pesar del apoyo que les brindaron las Diputaciones Provinciales, materializada en la Comisión Especial de Fomento de la Región Extremeña, las rencillas entre ambas provincias y entre las grandes localidades extremeñas truncaron toda posibilidad de que el regionalismo extremeño llegara a cuajar. Los ciudadanos en las elecciones municipales de 1931 dieron amplio respaldo a los partidos de corte republicano-socialista y fueron el principio del fin de la monarquía.

El gabinete ministerial presidido por Manuel Azaña (1931-1933) puso en marcha un ambicioso paquete de reformas políticas y estructurales que chocó de manera frontal en Extremadura con los intereses de la oligarquía terrateniente y rentista. Coaligadas las derechas de toda la nación, éstas ganan las elecciones municipales y generales de 1933, paralizándose muchas de las reformas que las masas campesinas y obreras estaban deseando que se concretaran, especialmente las que tenían que ver con el acceso a la propiedad de la tierra. El bienio republicano con gobierno de las derechas concluye con una grave huelga general en octubre de 1934 que degenera en Asturias en violenta revolución. Ésta dio lugar a la convocatoria de nuevas elecciones ganadas por la coalición de partidos de izquierdas, el Frente Popular. Grupos de militares y civiles integrados en partidos de corte fascista, sin olvidar la presencia de los monárquicos, intentan en varias ocasiones invertir el camino que estaba llevando la República (Golpe de Estado frustrado del General Sanjurjo en 1932 o el alzamiento del 18 de julio de 1936).