Calendario Escolar 2017/2018

Siglo XX

(Asignatura pendiente; una economía deversificada)

La economía extremeña se basó durante buena parte del siglo XX en un modelo agrario de corte tradicional. Apenas tuvo peso la industria que no superaba el grado de artesanal, aunque no pueden olvidarse ciertos impulsos dados tanto por la Dictadura de Primo de Rivera (el Matadero de Mérida fue uno de esos hitos) como por la II República y el Franquismo, apostando éste último por la ubicación en Extremadura de centrales hidroeléctricas (Presa de Alcántara). Sin embargo, no es a partir del período conocido como Transición Democrática (1975-1982) cuando la economía regional y, por añadidura, toda la sociedad extremeña, inicia un período de profundas transformaciones que se prolongan hasta la actualidad.

La región no se vio muy afectada por las grandes crisis del petróleo de los 70 y 80 precisamente por su escaso índice de industrialización, sin embargo los niveles de renta de los extremeños habían aumentado, en buena parte fruto del apoyo recibido por otras comunidades autónomas.

Será en el período que media entre 1986 y 1991 cuando la región aumente su Producto Interior Bruto (P.I.B.) como consecuencia del establecimiento en la región de la industria eléctrica y el alza del sector de la construcción, alentado tanto por las necesidades de obra civil de la nueva administración autonómica como por la demanda requerida por un fuerte sector inmobiliario. Los fondos europeos resultaron de vital importancia para este proceso.

Con un sector agrario en regresión, presente sobre todo en producción y transformación de productos hortofrutícolas o cárnicos, la fabricación de abonos o piensos, y con un sector servicios muy fuerte, Extremadura busca en la actualidad la estabilidad de un modelo que apuesta por el turismo (la Comunidad Autónoma cuenta hoy con reclamos turísticos excepcionales como, por ejemplo, tres ciudades con conjuntos declarados Patrimonio de la Humanidad y un Parque Nacional) y la promoción empresarial, articulada principalmente en torno a los Planes de Industria y Empleo, auspiciados desde 1994 por la Junta de Extremadura, patronal y sindicatos, y cuyo objetivo no es otro que alentar la creación de empleo a través del impulso a las pequeñas y medianas empresas (PYMES).