Calendario Escolar 2017/2018

Siglo XX

(De las revueltas campesinas a la política agraria comunitaria)

La conflictividad en Extremadura fue en aumento desde fines del siglo XIX, motivada en esencia por la reclamación de tierras por parte de los asalariados agrícolas. Así, de los motines desorganizados de fines del XIX, alzamientos populares dirigidos contra ciertos impuestos como el de los consumos, se pasó a las huelgas y otras acciones de fuerza coordinadas por organizaciones agrarias extremeñas, como La Germinal a principios de siglo y, posteriormente, organizaciones anarquistas (C.N.T.-F.A.I.), comunistas y, sobre todo, socialistas.

Este proceso se agrava durante la II República, período en el cual se produce una ruptura violenta con respecto al orden anterior que da lugar a conflictos en ocasiones violentos –llegándose incluso a la ocupación de fincas– que fueron duramente reprimidos por el gobierno, como el asesinato en 1931 de guardias civiles a manos de campesinos en la población badajocense de Castilblanco.

El nuevo gobierno republicano surgido de las urnas fue incapaz de conciliar la impaciencia de los campesinos, extremeños y andaluces sobre todo, con una lenta y ordenada Reforma Agraria para la que el Estado no contaba con fondos suficientes en aquel momento. Se añade a este sombrío paisaje español un período de sequía y de malas cosechas así como una grave crisis económica internacional iniciada en 1929.

El advenimiento de la Dictadura Franquista invirtió el proceso. Alentó una especie de contrarreforma agraria. El Estado padecía el colapso económico propio de una posguerra. Estaba sometido además al bloqueo económico de las potencias vencedoras en la II Guerra Mundial. Ante ese panorama el Gobierno se alzó como garante de la producción agraria y los precios de sus productos, especialmente del trigo, materia prima necesaria para alimentar a la población. Por otra parte, los ministerios implicados en esa “contrarreforma” procuraron impulsar al reasentamiento de población campesina desocupada –y potencialmente conflictiva– en nuevas zonas de regadío (en Extremadura principalmente en las Vegas Bajas y Altas del Guadiana y el valle del Alagón).

No será hasta pasada la crisis energética de 1973 cuando el modelo tradicional de la agricultura extremeña se quiebre y surja un nuevo modelo, basado más en grandes producciones orientadas a la industria agroalimentaria y en nuevas formas de comercialización a través de cooperativas y sociedades anónimas de transformación.

Por otra parte, desde al amparo de las Cámaras Agrarias surgen organizaciones profesionales que democratizan el campo extremeño y se alzan en protagonistas en las reivindicaciones del sector.

Las ayudas que la Unión Europea viene ofreciendo al campo extremeño a través de su Política Agraria Comunitaria unido al imparable proceso de mecanización de las explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales, además de los períodos de sequía y rudos reveses en la cabaña ganadera por enfermedades y epidemias, han dado lugar a un descenso considerable de la población activa extremeña en este sector.